Cristina Gómez García rememora a Enric Miralles


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Agradecer en especial a Cristina Gómez García por su inestimable colaboración y amabilidad.

“Mi primer gran maestro”

Han pasado ya muchos años, pero los buenos recuerdos no se olvidan. Conocí a Enric Miralles a raíz de la primera conferencia que vino a dar a la Escuela de Arquitectura de Valencia en el año 1987. Acababa de salir publicado el primer Croquis “Miralles-Pinós” y fue después de estudiarlo y examinarlo que realmente sentí una profunda curiosidad e interés en asistir a su conferencia. Me encantaba ver sus dibujos, su arquitectura y cómo la explicaba, hacia parecer que todo era tan sencillo pero a la vez tan rico geométricamente, poético y equilibrado, que me podía pasar horas mirando sus dibujos. Parecía la obra de un mago o la de un artista que convertía la arquitectura en dibujos estéticos, o viceversa. Recuerdo un comentario suyo, que me encantó, que decía así:

lo importante es tener claras las intenciones del proyecto, ya que a partir de ahí, la geometría sale sola”

Siempre me fascinó su capacidad de persuadir y seducir a los jurados hasta ganar los concursos, teniendo en cuenta la representación tan abstracta con la que presentaba sus proyectos.

Mi PFC

En 1988, el año en que yo tenía que presentar el PFC (Proyecto final de carrera), la Escuela de Valencia empezó a dejar abierta la tutoría de éste a cualquier arquitecto que el alumno eligiese, sin ser obligatorio, como hasta el momento, que fuera un profesor de la propia Escuela. Así que junto a dos amigas y compañeras, Rocío Almenar y María Melgarejo, decidimos pedirle a Enric que fuera nuestro tutor, a lo que accedió sin dudarlo de forma desinteresada. Le parecía muy gracioso que tuviésemos que madrugar para coger un autobús a las 7 de la mañana desde Valencia, cada vez que íbamos a corregir a Barcelona, para estar en su estudio de Diagonal sobre las 11. Corregíamos un par de horas con él y cuando acabábamos la corrección con una sonrisa nos decía, “hala, ahora a coger el autobús de vuelta.”

El tema del proyecto era “Un Teatro de Nuevas Tendencias Escénicas” que se situaba frente al viejo cauce del Turia en Valencia en una parcela triangular. Esto a mi especialmente me atraía. Ya antes había presentado algún proyecto triangular en la escuela, y además me encantaba estudiar los proyectos, casi siempre de formas triangulares, de la primera etapa de Enric y Carme.

En mi caso fueron 3 visitas las necesarias para desarrollar el proyecto. En la primera le presentamos los mejores proyectos que habíamos realizado hasta entonces en la escuela. Y aunque habíamos intentado empezar con el nuevo, estábamos un poco despistadas. ¡Yo no sabía por donde empezar!. Me aterrorizaba el papel en blanco. Le hablamos sobre proyectos de teatros que habíamos visto. Especialmente recuerdo que Rocío nombró a Alvar Aalto, a lo que Enric contestó: “Alvar Aalto es una máquina de hacer teatros”. Nos enseñó gran variedad de libros, para mostrarnos en cada uno de ellos aquellos detalles que le interesaban, en uno, por ejemplo, destacaba el cómo se accedía a la sala, en otro, cómo se movía la gente por el vestíbulo.… Recuerdo que nos enseñó un libro de teatros griegos y la Filarmónica de Berlín de Hans Schauroun, del cual en alguna ocasión le oí confesar que le hubiera gustado tener una camiseta suya.

Tenía una forma muy particular de entender y enseñar la arquitectura. Nunca olvidaré esa primera sesión, esa clase magistral, en la que nos enseñó a mirar los libros a través de los proyectos que en ellos se mostraban y así poder descubrir cosas emocionantes. En ningún caso nos enseñaba proyectos desde el punto de vista formal, y en eso difería completamente de todo lo que me habían enseñado hasta entonces. Estaba convencida de que las grandes enseñanzas que me llevaba tras el paso por la Escuela, me las había dado Enric en las tres sesiones que tuve con él.

Lo que más me gustaba de él, y lo había empezado a entender, era que, desde sus comienzos, su pensamiento e imaginación fueran tan grandes que sabía hacer suyo cualquier parte de la historia de la arquitectura que le atrajese, transformando mágicamente su forma para darle una propia y totalmente personal. Ni sus obras ni su estilo se parecían en nada a las fuentes de donde se inspiraba. La relación que establecía con sus maestros era mucho mas profunda y abstracta. Y esa para mi fue su mejor lección.

Para la segunda corrección ya habíamos empezado los proyectos. Yo había planteado un escenario perpendicular a uno de los lados del solar triangular, con la intención de acceder desde la calle que daba al río hasta el fondo de la parcela, donde colocaba el vestíbulo para luego volver a entrar en la sala por debajo del escenario, de cara a las butacas y al público que ya estaba sentado. De esta manera, el proyecto proponía una forma de moverse que a mi me pareció interesante y a Enric también. Fue la mejor forma de demostrarle que había entendido su primera clase.

En el proyecto todavía quedaba programa y cosas que resolver. Pero él insistía en que la forma de proyectar no era “resolviendo programas o problemas”, sino que la actitud correcta era la sentirse libre frente al proyecto:

Si todo coincide, es porque el proyecto va por buen camino”

Nos preguntaba como eran nuestros proyectos, en un intento de que encontráramos su esencia. Nos ayudaba haciendo dibujos muy abstractos y esquemas que hacían que fuera fácil entenderlos y continuarlos. Posteriormente en el mío surgieron las salas que volaban sobre la entrada del edificio. Y también la situación de las rampas y escaleras laterales en el vestíbulo triangular que permitían disfrutar del espacio interior y de la ciudad a la vez.

A la tercera visita fui con una maqueta construida con plastilina, Por su cara vi que el material no había sido muy acertado, pero sin embargo al contemplarla detenidamente afirmó con rotundidad: “Ya lo tienes”.  Fue mi última corrección.

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El día que se tenía que presentar mi PFC en el 89 ante el jurado de la Escuela de Valencia, dio la casualidad de que Enric venía a dar una conferencia publicada en este mismo blog. Al ver el proyecto terminado, dijo que había quedado muy bien y que “los proyectos siempre acaban bien.”  También le pareció que el mío era el mas arriesgado, y me preparó con sus preguntas a posibles críticas del jurado, como fue la de: “¿cómo se construye tu proyecto?” La contestación debía ser:

 “se construye desde su propia geometría”

Por entonces habían unos cuantos arquitectos en España a los que les incomodaba su forma de hacer arquitectura. Algunos de ellos se encontraban en la Escuela de Valencia y más aún en el comité de profesores que debía juzgar mi proyecto, pero no lo supe hasta que llegó el momento de presentarlo. Decidieron posponer la exposición del PFC para el día siguiente, quizás así Enric no podría estar presente. Cuando llegó el momento, no fue algo agradable para mí y de hecho salí muy nerviosa de la sala. Cuando llegué a casa, llamé a Enric para contárselo y me comentó que él también había tenido algún problema con sus proyectos en la Escuela y que le pusieron un 5 en su PFC, y le dije: “muchas gracias, esto si que me sirve de consuelo”. A mi después de todo también me habían puesto un 5, así que ¡al fin, ya era arquitecta!

Las visitas a Barcelona

De vez en cuando hacíamos una escapada a Barcelona para asistir a alguna conferencia que él mismo nos había recomendado. Así viajamos para asistir a la de Cedric Price, el autor del proyecto tan espectacular de las jaulas de pájaros del zoo de Londres, y a la de Peter Smithson. A veces tras las conferencias nos íbamos a cenar con él y Benedetta.

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Aprovechábamos los viajes para visitar sus obras. En uno de ellos fuimos a ver “Las pérgolas de la Villa Icaria”. La reacción popular fue la de pensar que se había equivocado. Yo le di otra oportunidad e hice un esfuerzo por entenderlas, a pesar de que era la primera obra de Enric que a primera vista no me parecía tan poética, no obstante, en el fondo, el planteamiento poético existía. La perspectiva de la nueva avenida con los edificios deshabitados a ambos lados, era un tanto fantasmagórica. Con las estructuras de madera y metal, su desfile de gigantes y cabezudos, esta perspectiva quedaba desfigurada ya que las nuevas pérgolas atraían la mirada de los transeúntes. Pero además daba la oportunidad de pararse debajo de uno de los agujeros para a través de él, lanzar una mirada al cielo. El cielo enmarcado es doblemente interesante. Así lo pensaba Enric, ya que recuerdo, en un pequeño bar de Santander, durante una pausa de unas conferencias en las que intervino, tomando café delante de una ventana que enmarcaba una vista al mar, su comentario fue:

“con una vista así, no hace falta mucha arquitectura”

También recorrimos con él, durante su inauguración, su primer gran edificio, el Pabellón de Gimnasia Rítmica de Alicante. Su geometría tan rica y la relación de los espacios me pareció espectacular. Esta quedaba equilibrada con una limitada variedad de materiales que entraban en juego y una tonalidad de color bastante uniforme.

En una de las visitas que hicimos a su estudio de la calle Aviñó, le comenté la ilusión que me haría poder trabajar en su estudio. Era el año 93 después de las Olimpiadas, y conociendo Enric mi relación con Dinamarca, me alentó a que viajara a Copenhague. Me dijo:

“hay que salir, aunque luego vuelvas, pero hay que salir”

Todavía guardo con gran cariño el catálogo sobre la Exposición sobre el Pabellón de Gimnasia Rítmica de Alicante que tuvo lugar en Berlín en octubre de 1993, que ese día me regaló y me dedicó así:

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Copenhague 1994

Yo entonces vivía todavía en Valencia, pero en agosto de 1994 me trasladé a Copenhague. Recién llegada a Dinamarca le llamé para pedirle una carta de recomendación porque quería solicitar trabajo en el estudio KHR a/s, el que había hecho el Pabellón de Dinamarca en la Expo de Sevilla 92. Había asistido a una conferencia del arquitecto Jan Søndergård y me habían gustado sus retos técnicos. Frente a los 40º de calor del verano en Sevilla, planteaban una alternativa al aire acondicionado convencional, y proponían un sistema de riego y bombeo que hacía circular agua por las cubiertas curvas para que al evaporarse bajara la temperatura interior. Era quizás mi primer contacto con la “sostenibilidad” en la arquitectura y me parecieron ideas muy avanzadas para entonces.

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Enric me envió uno de sus faxes a casa con la recomendación dirigida a Sven Axelson, el director de KHR a/s en aquel momento. En él indicaba que iba a estar en Copenhague unos días. Así que aproveché para ir de oyente al taller de arquitectura que dio en la Real Academia de Bellas Artes. Lo estoy viendo como si fuera ahora, comenzó el taller dibujando en la pizarra el “hilo de sus proyectos” y explicando como “un proyecto mío comienza siempre donde acaba el anterior”. Al día siguiente no pude volver al taller ni despedirme de él, ya que repentinamente, Sven Axelson me contrató para empezar a trabajar ese mismo día en su estudio, donde permanecería durante 8 años.

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En Dinamarca y los Países Nórdicos había mucho interés por la arquitectura de Enric Miralles. Ya en 1989, la revista SKALA, publicaba una entrevista con Jose Luis Mateo sobre “Barcelona Ahora” en la que incluía fotos de la Remodelación de la fábrica La Llauna y dibujos del concurso de la Ampliación del Ayuntamiento de Algemesí, sus primeros proyectos.

Concurso de la Ampliación del Teatro Real de Copenhague

A pesar de que había escepticismo acerca de si, en estos países de clima tan frío donde los puentes térmicos están absolutamente prohibidos, sería posible construir una arquitectura como la que hacía Enric, éste fue invitado a participar en numerosos concursos.

En octubre de 1995 se convocó el de la ampliación del Teatro Realen Kongens Nytår, La plaza del rey, en el centro de Copenhague y EMBT estaba entre los equipos invitados al concurso. Tras el planteamiento del concurso, había una importante discusión política ya que unos eran partidarios de trasladar el Teatro a otro lugar, lo que al cabo de los años acabarían haciendo, y otros de ampliarlo allí mismo cubriendo una callecita que funcionaría como vestíbulo.

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Sverre Fehn fue el ganador del concurso. Había planteado una estructura con una cubierta en forma de alas de pájaro que sería la nueva fachada de la ampliación a la plaza. En Dinamarca eran muy aficionados a hacer mock-ups (maqueta a tamaño real) de los proyectos importantes y esta era una buena ocasión para ello. Un domingo 10 de Noviembre de 1996, una gran grúa colocaba una maqueta a escala 1:1 del “pájaro de Sverre Fehn” en el lugar del proyecto ante la mirada de numerosos arquitectos y curiosos.

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Pero lo mas interesante fue que presenciando aquellas imágenes, me di cuenta de que ya las había visto antes en uno de los collages que Enric había presentado en su propuesta: sus cubiertas acristaladas volaban, mucho antes, entre los árboles de la misma plaza hacia su futuro lugar, aquel que sería ocupado en la realidad por el “ala” de Sverre Fehn. Yo no tuve la suerte de conocer a este maestro, pero contaban que se emocionaba cuando en sus conferencias explicaba sus proyectos.

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El fin de semana previo al fallecimiento de Enric, tuve un desazonado y deprimente fin de semana. El lunes 3 de Julio, cuando una compañera del estudio encontró la triste noticia en internet, no me lo podía creer. Mis amigas y compañeras me habían ocultado su enfermedad porque sabían lo mucho que me afectaría. Temo que mi intuición me avisó de que algo muy triste iba a ocurrir.

Barcelona 2002

En el 2002 regresé de Dinamarca y con el pretexto de estudiar el DEA me establecí en Barcelona. Curiosidad de la vida fue que una gatita que había nacido en su estudio acabara viviendo en el mío. Una gatita a la que le gustaba pasear por las maquetas, los dibujos y maullarle a las líneas que dibujábamos en la pantalla del ordenador.

Completé así el diagrama, que sobre mi futuro me había dedicado Enric en 1993.

Ha sido un auténtico placer el volver a viajar por estos recuerdos, revivirlos como si de ahora mismo se tratara. Recordar de nuevo en profundidad sus clases magistrales, su persona y mi relación con él me han hecho zambullirme en un cúmulo de emociones, nostalgia, cariño, añoranza, gratitud….pero sobre todo felicidad y entusiasmo.

Muchas gracias Eduardo, porque para mi ha sido un honor tener la oportunidad de hacer esta modesta aportación a este Gran Proyecto que es el Homenaje a Enric Miralles por el cual aprovecho para felicitarte.

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