1995, CREACIÓN Y TÉCNICA


creacio titulo

CREACIÓN Y TÉCNICA

Con: Jaume Avellaneda, Robert Brufau, Marcià Codinachs, Emili Donato, Manuel Gausa, Josep M. Gil, Josep Llinàs y Enric Miralles. Arquitectos

Moderadores: Xavier Ballarín y Xavier Llobet. Arquitectos

XAVIER BALLARÍN, XAVIER LLOBET Una reflexión sobre el papel que ha de jugar la técnica en el marco del proyecto contemporáneo nos permite entenderla no sólo como un hecho específico, sino como uno de los elementos que representan la esencia misma de la modernidad. La técnica se convierte así en uno de los retos fundamentales que hay que asumir para ampliar el margen de libertad creativa de la cultura actual.

El título de esta mesa redonda contiene implícitamente una primera pregunta que exige precisar algunas cuestiones previas de orden terminológico. Cuando hablamos de técnica, nos referimos a su acepción general, entendida como el conjunto de los procedimientos propios de una disciplina, y no a la acepción más restrictiva que especializa los conocimientos técnicos en ramas autónomas inconexas; cuando hablamos de creación, hablamos de la capacidad de dotar de forma las cuestiones planteadas. Así pues, se trataría de reconocer el vínculo que las relaciona, huyendo de aquella concepción determinista según la cual la forma es el resultado unívoco de manipular sin contradicciones lógicas los diferentes datos técnicos del problema planteado, y ver hasta qué punto una reflexión sobre las posibilidades creativas que plantea la utilización de las nuevas técnicas nos permite seguir avanzando en nuestras propuestas proyectuales.

JOSEP M. GIL Separar con una “y” creación y técnica es un planteamiento difícil de entender, puesto que se trata de dos elementos de un mismo discurso que pueden ser contradictorios entre sí, pero que juntos forman parte del trabajo del arquitecto. Una buena definición de creación técnica o de tecnología es la que dice que la técnica es el arte de hacer las cosas. Entendiendo arte y técnica, según la etimología griega, como conceptos ligados a la idea del bien, pero no a la de belleza.

JOSEP LLINÀS Hay una cuestión previa: la forma de crear. Yo defiendo la idea que todo el mundo es creador; la persona que se enfrenta con un problema concreto cada día y lo tiene que solucionar esta “creando”, y esto podría tener relación con esta ambivalencia entre el crear y la técnica. Crear es saber como reaccionar en cada momento delante de los problemas que van apareciendo, y esto significa un proceso de respuesta constante. Hay una extraña obsesión para convertir la creación en un acto de inspiración, semidivino. En mi caso, nunca me ha interesado este tipo de interpretación, ni tampoco la utilización de la técnica como expresión específicamente arquitectónica. Al revés, cada día prefiero más trabajar sin problemas añadidos, sin la necesidad de hacer evidente la técnica como

acontecimiento. Contrariamente a lo que pensaba hace unos años, cada día me interesan más los materiales tradicionales; lo que se puede hacer con el agua, que tiene una enorme capacidad para solucionar problemas. Una tradición que todavía no se ha perdido y que permite una cantidad de opciones increíble, trabajando con un carácter casi infantil En el fondo, se trata de trabajar omitiendo los problemas.

X. BALLARÍN , X. LLOBET Tanto la creación como la técnica forman parte de un amplio abanico de posibilidades; si vamos insistiendo en la utilización de la terminología serían necesarias algunas precisiones sobre los términos que casi seguro que irán saliendo a lo largo de esta mesa, como pueden ser los de invención, experimentación, investigación, riesgo, etc…

EMILI DONATO Muchas veces la técnica se utiliza para objetivos superfluos, de mero artificio, probablemente en contradicción con el sentido racional, utilitario y reductor de los orígenes de toda técnica, es decir, de un saber hacer simplificador y ahorrativo de energías o materiales. Por lo tanto, relacionar creación y técnica críticamente puede legitimar algunas propuestas artísticas no a partir de su propio valor, sino basándose en la pretendida innovación técnica que puede ser totalmente inútil, casi espectacularmente inútil. Se trataría de una corrupción entre medios y fines. La invocación de la palabra creación es casi siempre sospechosa y más valdría por simple elegancia o precaución no hablar mucho. O bien, como dice Pep Llinas, en toda realización humana problemática hay algo de creación, o bien -como pienso yo- hay que administrar el sentido y el valor de la creación intelectual y artística con una reserva máxima; entremedias, el afán de la mediocridad para tocar el cielo gratis.

Por otro lado, hablar de invención técnica en manos de los arquitectos es equívoco. No inventamos ni hemos inventado nunca nada en el terreno tecnológico; en cambio, sí que hemos inventado formas nuevas que pretendemos erigir en símbolos de mitos o valores de los nuevos materiales y técnicas. Recordamos que la casa Dymaxion de Fuller era mucho más “moderna” materialmente y tecnológica que no la ville Saboye y, en cambio, la segunda, una obra de virtuosismo formal mucho más que no técnica, se ha erigido en símbolo del funcionalismo y del racionalismo moderno. Como máximo podríamos aspirar a hacer innovaciones constructivas a partir de los nuevos materiales y técnicas industriales. Pero la especialización creciente nos aleja cada día más de participar en este proceso técnico e incluso, constructivo. Por ejemplo, probablemente son inventos de arquitecto, de maestro de obras, los perfiles o cornisas góticos, griegos o mayas, pero no el perfil laminado doble T. Es decir, Mies decora y utiliza las propiedades estéticas y simbólicas del perfil doble T tanto o más que sus capacidades mecánicas. Es evidente que Miguel Ángel conocía perfectamente la técnica del fresco y la utilización de los pigmentos más apropiados, pero El Juicio Final tiene poco que ver con estos aspectos técnicos y mucho más con las corrientes estéticas y culturales de la pintura del siglo XVI.

ROBERT BRUFAU Quizás el título de la mesa redonda tendría que haber sido creación y experimentación, dos palabras muy parecidas. Creación es crear, y experimentar también. Parece que la creación pueda estar ligada a la experimentación técnica, y esto podría ser una base de la discusión…

MANUEL GAUSA La posibilidad de asumir, por parte del arquitecto, un papel motor en el campo experimental parece habitualmente que responde más a actitudes comprometidas con la búsqueda personal que no a una autentica demanda exterior. Políticos y promotores, incluso la misma rutina de la producción en este país, desconfían generalmente de esta intención innovadora. Esta realidad casi atávica continúa empotrada en la propia “cultura” del país, poco abierta a la innovación. Otras sociedades, en cambio, consideran que cultura implica investigación, y que esta es una inversión real, determinante, de cara al posible peso cultural y económico de una sociedad que se quiera considerar “de progreso”.

ENRIC MIRALLES Sinceramente, creo en el valor experimental de nuestra profesión. Es más, considero que es una de sus mejores calidades. Porque precisamente por eso acaba regulando las cosas. Para mí, justamente, lo más gratificante es “plantear problemas”, puesto que generalmente es la única manera que el diálogo con la construcción sea auténtico; procuro que cada uno de mis trabajos me formule preguntas nuevas, no necesariamente a un nivel excesivamente global. Esto es importante, y más cuando el dialogo se produce de una manera sincera. Prefiero pensar los proyectos desde este punto de vista, no desde la apariencia formal. Esta es la conclusión de todo un proceso mucho más complejo.

X. BALLARÍN , X. LLOBET Estamos utilizando temas como invención y experimentación. Si consideramos que la tradición, como posibilidad de conocimiento, ya no existe, y que nos encontramos inmersos en una cultura en constante cambio y transformación, ¿es la tecnología capaz de llenar este vacío?. ¿Se puede entender la tecnología como un elemento capaz de abrir nuevos campos metafóricos a la imaginación?

E. DONATO La tradición se puede entender no solamente como un cúmulo de resultados, con valor de referencia permanente, sino como conjunto de nuevos problemas y objetivos que el hombre se ha planteado desde que construye. Aquello esencial no serían las soluciones, sino el esfuerzo de definir nuevos problemas y de imaginarse la solución general, precisamente a partir de una situación problemática particular. Si falta aquella voluntad, que es el verdadero origen de todo proceso creativo -vencer una dificultad, un nuevo problema- , el resto vale muy poco. El tema arquitectónico no es “qué”  técnica, sino “cómo” se utiliza este para resolver un problema externo a la técnica.

Uno de los mejores ejemplos de este proceso serían las construcciones -de gran valor escultórico- de Candela, perseguidas no como formas en sí, ni tampoco como meras experimentaciones técnicas, sino como problemas de economía y de simplificación constructiva, con materiales sencillos. Por eso es dramática o bien patética la posición del arquitecto, como profesional históricamente determinado, al cual le están arrancando aquellas competencias que lo hacían responsable integral en todo el proceso constructivo, y que hoy se debate entre la acelerada evolución tecnológica y su arrinconamiento en el campo de la pura ideación formal o de un equívoco exhibicionismo tecnológico.

M. GAUSA Desde el punto de vista de la intención creativa podríamos considerar también la aportación cultural de las vías que intentan buscar esta necesidad de investigación no tanto desde la gran innovación tecnológica, sino desde una innovación digamos “plástica” conseguida a partir de ciertos procedimientos habituales: seguir trabajando con materiales o técnicas comunes, pero con resultados insólitos, sorprendentes, lúdicos o desenfadados, “pervirtiendo” o “invirtiendo” la convencionalidad del punto de partida.

MARCIÀ CODINACHS Lo que diferencia mucho la utilización de la técnica moderna es que de alguna manera se ha perdido aquel tipo de relación íntima que había entre el arquitecto y la técnica; para Gaudí, por ejemplo, la técnica era la evidencia de aquellos alambres de las catenarias que le suponían una relación íntima con un procedimiento de pensamiento.

Creo que este pudor, esta aproximación íntima de la técnica se ha perdido. Hoy podemos llegar tranquilamente a situaciones límite, situaciones tan impúdicas como descubrir una luz en la dirección más desfavorable.

X. BALLARÍN , X. LLOBET Hoy, la producción de cada objeto nuevo representa la formulación de un nuevo problema. ¿Es la técnica, la que nos proporciona la posibilidad de llegar a desarrollar un cierto rigor dentro de este proceso de invención creativa? ¿Cuando hablamos del uso de las tecnologías en la construcción, tiene sentido confiar en el uso de la tecnología como resultado formal del proyecto arquitectónico? Es decir, ¿nos podemos seguir orientando por los clichés estéticos que agotan siempre las tecnologías más avanzadas estableciendo una nueva retórica de la técnica o la evocación de su mito? ¿Hay otros alternativas?

J. M. GIL Aplicada con rigor, la técnica no se tendría que notar. Exhibir el esfuerzo es de fanfarrones. Lo importante no es la aplicación de nuevas ni de viejas tecnologías, sino que sean adecuadas para conseguir la necesaria coherencia entre proposición constructiva y la idea que la soporta.

E. MIRALLES La imagen técnica no puede ser el resultado visual de la solución constructiva adoptada. Pero estoy muy de acuerdo que la técnica, en nuestro trabajo, forma parte de una manera natural del acto de “hacer”. Siempre he querido proponer un curso sobre la técnica en la Escuela; creo que tiene mucho que ver con la confrontación con la realidad y eso implica escoger, afinar al máximo cualquiera de los aspectos. La relación con la estructura no se puede separar del propio proyecto; decisiones tejidas al mismo tiempo, desde una decisión personal.

X. BALLARÍN , X. LLOBET Si recordamos el término alemán Gestell como el que relaciona las diferentes partes en su conjunto y las expone a la vista, ¿podemos referirnos a la técnica como uno de los elementos que representa la esencia misma de la modernidad?

E. DONATO No, yo no creo que los nuevos materiales y las nuevas tecnologías impongan una nueva retórica tecnicista. En nuestro mundo, aparentemente plural, todos los dialectos o casi todos provienen de la tradición moderna, que es sobre todo una tradición formal, figurativa y sólo marcada por la técnica simbólicamente y por alusión, casi como decoración de las figuras esenciales de la modernidad.

Una vez más suena el mito salvador de la técnica, entendida como una herramienta mágica de donde brota la arquitectura actual, moderna o neomoderna. Por eso se utiliza la expresión “esencia misma de la modernidad” referida a la técnica, que es equívoca. La esencia arquitectónica de la modernidad se tiene que expresar en términos que no sean ni funcionales, ni estéticos, ni técnicos puros.

Ya se han acabado los sarampiones funcionalistas o los de las influencias de las vanguardias artísticas, y 60 años después del proyecto del lnstituto Lenin de Leonidov no podemos seguir hablando inocentemente de nuevas formas nacidas de los nuevos avances técnicos … porque incluso algunas obras de Foster parecen anticuadas respecto a algunos proyectos de Fuller o de Leonidov, curiosamente contemporáneos.

Pero cuidado, esto no quiere decir que los metales, el vidrio, una nueva técnica seca de montaje, etc., no sean una herramienta formidable para construir nuevas figuras, que la imaginación había ya alumbrado en el marco de una cultura formal o figurativa de la modernidad, de extracción mucho más amplia.

El hecho que la verdadera revolución de los últimos siglos haya sido la industrialización masiva de la sociedad y la cultura no quiere decir sin embargo que las artes de la modernidad sean un reflejo mimético o directo de los materiales y métodos de esta revolución industrial, ni tampoco un arte tan implicado cómo la arquitectura. Que la técnica esté en los orígenes de los cambios -verdad a medias- no quiere decir que constituya la esencia misma de la modernidad.

M. GAUSA Ciertas actitudes (pienso ahora en en Paco Alonso, por ejemplo) defenderían la idea que los resultados finales son menos relevantes que el “camino” mismo. Hay una cierta épica (quizás, de otra banda, demasiado mística) en esta necesidad de hacer del hecho de construir una sucesión de retos, una especie de “invención continúa”…

JOSEP LLINÀS Sí sabes el resultado, ya no interesa formular la pregunta. Para el arquitecto trabajar es construir y, durante la construcción, siempre cambian las cosas. Durante la obra te contagias de otras actitudes, otras maneras de trabajar, otros caminos, y lo interesante es que al final de la obra no la reconozcas mucho.

ENRIC MIRALLES Esto sucede más fácilmente cuando el trabajo de la obra no es casi exclusivamente la reproducción de unos planos; yo procuro no trabajar así. Evidentemente, se tienen que definir las obras como un paso previo necesario, pero existe todo un camino de soluciones alternativas, de movimientos dentro de un pensamiento, que acaba siendo una de las cosas más interesantes del proceso constructivo. Me interesa mucho más el control del proceso, que no el control específico de la forma final. Muchos proyectos pueden tener soluciones técnicas diferentes y por eso prefiero entender la búsqueda técnica y creación como una especie de tejido entrelazado.

E. DONATO La ideación formal es en ella misma un proceso en el sentido estructural, descriptible en términos estructuralistas, pero además, dinámico en el tiempo y a veces muy desordenado. Por lo tanto, es un sistema de relaciones complejísimo, adelante y atrás, racional e intuitivo, a lo largo del cual tú necesitas controlar técnicamente y prácticamente un proceso dirigido hacia unas formas tipo, hacia una configuración sensible como objetivo final. La técnica es condición practica y probablemente hoy multiplica las posibilidades expresivas de temas formales preconcebidos por motivos culturales simbólicos o similares y ya no prácticos o utilitarios como en cualquier origen.

El resultado formal está claro que pertenece a un mundo que viene después de la técnica, aunque un cierto Kunstwollen [voluntad de arte] lo preceda todo y en todo momento. Pero está claro, también, que tus elecciones como arquitecto no son puramente formales o figurativas, ni puramente técnicas o estrictamente utilitarias, esta es la dura y a la vez gratificante dialéctica de nuestro trabajo.

ENRIC MIRALLES Sí, desde el punto de vista conceptual. Es un proceso personal de conocimiento: lo que procuro evitar es que cada paso del proceso produzca una repetición del anterior. Si hubieran dos posibilidades, construiría una tercera.

X. BALLARÍN , X. LLOBET Seguramente hemos abandonado la relación que podríamos establecer con el pensamiento de los ingenieros respecto a la técnica y todavía nos encontramos en un momento donde trabajamos habitualmente con aquello que tenemos más a mano, con la actitud de un manitas. ¿Hay que investigar sólo con los nuevos materiales o también con el uso innovador de los materiales y técnicas conocidas? ¿Qué apoyo nos proporciona la industria?

JAUME AVELLANEDA En nuestro sector tenemos permanentemente todas las técnicas en funcionamiento; las técnicas húmedas están en funcionamiento y se están haciendo tapiales de una manera experimental, se está intentando utilizar los encofrados para hacer moldes, estamos usando el acero inoxidable, el aluminio, el ladrillo: todo es válido. Cada obra es singular y adopta, según las circunstancias, una solución constructiva determinada. Hay una convivencia de todas las tecnologías; no hay una tecnología predominante . Ahora bien, hay técnicas de difícil adecuación porque no tenemos la industria capacitada para poderlas aplicar; hay que tener mucha cuidado con lo que se proyecta porque, si no, el arquitecto llega sólo al final del camino, no hay nadie que lo ayude. Muchas empresas actuales lo único que hacen es suministrar material. ¿Qué apoyo técnico facilitan? Muy poco ..

M. CODINACHS Sin embargo, incidiendo en esta voluntad de trabajar desde el bricolaje inventivo, nos podemos encontrar en una espiral de sofisticación, incluso con la utilización de elementos conocidos. Una sofisticación que puede llegar a superarnos absolutamente: por muy conocidos que sean los elementos nada nos garantiza que los industriales sean capaces de montarlos correctamente. Muchas veces el problema radica precisamente en la preparación de la industria. Que los elementos se construyan con agua o en seco, es justamente en este punto de resolución constructiva de las cosas en el cual o bien tenemos la industria a favor, o bien la tenemos en contra.

X. BALLARÍN , X. LLOBET Así pues, esta actitud de manitas puede entrar en conflicto con un mundo donde los procesos de producción tienden cada vez más a la mejora de las prestaciones y a la simplificación de los medios. ¿En qué medida y de qué manera se tiene que involucrar el arquitecto en estos procesos? ¿Cómo ligar este hecho con el concepto de calidad en la producción de la arquitectura con la mejora de los estándares de vida y culturales en el mundo contemporáneo?

J. AVELLANEDA Hay una exigencia moderna; una exigencia de calidad y durabilidad. Normas que se tienen que cumplir porque la sociedad lo exige. Y esto significa una transformación. Una transformación tecnológica de los sistemas constructivos obsoletos que no se adecuan a las necesidades actuales. A veces, pero, esto significa simplemente la utilización de un determinado material no necesariamente nuevo, pero aplicado de otro modo, en otras situaciones, con otras prestaciones.

J. M. GIL Cómo que la sociedad ha cambiado económica y socialmente, el arquitecto también se ha visto desplazado a los aspectos más epidérmicos, cada vez más lejos del porqué y más cerca del cómo se resuelven las cosas, esto es lo que realmente está cambiando.

E. DONATO Hoy la técnica nos ha sobrepasado, se ha hecho mayor de edad, nos domina. Los primeros modernos quizás sí que tuvieron la iniciativa de enfrentarse con la técnica, pero 50 o 60 años después las cosas han cambiado. Además, hay un problema que no tiene nada que ver con la técnica y que es de tipo económico, de seguros, de seguridad civil, que se interpone entre nuestro producto y el control de este por parte de agentes anónimos que no controlamos.

J. M. GIL Efectivamente, la sociedad nos pide mucha más responsabilidad. Actualmente la reglamentación estricta y las responsabilidades colectivas hacen las cosas más difíciles, pero tendríamos que saber utilizar estos imperativos como trampolín.

J. AVELLANEDA Yo creo que la industria es la que tendría que dar conocimientos, sobre todo en la aplicación de las nuevas técnicas. A menudo nos encontramos que no hay gabinetes intermedios de estudio y de investigación que sepan hacer un desarrollo adecuado del proyecto. El arquitecto acaba uniendo las diferentes técnicas aplicadas en el edificio. Y por eso es necesario un pliego de condiciones duro, muy duro. La industria suministra simplemente los productos, los sistemas, cumpliendo, eso sí, los pliegos de condiciones (cómo pasa en los Estados Unidos).

J. M. GIL Hasta ahora la industria de la construcción es el freno a cualquier desarrollo, únicamente la vivienda continúa aumentando de precio, disminuyendo de volumen y perdiendo calidad. Quizás porque nos hemos quedado atrás como colectivo, el arquitecto interesa muy poco, sólo hay que constatar que las soluciones de Candela o la construcción con materiales húmedos se hacen actualmente casi imposibles por las estrictas normativas y que actualmente todas las innovaciones técnicas importantes se producen en lugares escondidos que no se ven, detrás las paredes, bajo los pavimentos, sobre los falsos techos.

X. BALLARÍN , X. LLOBET Así pues, parece que estaríamos de acuerdo en considerar que actualmente la técnica se utiliza como una cuestión instrumental, pero hay varias maneras de reconocer esta instrumentalidad. A veces se entiende como un simple recurso para poner en pie una imagen preestablecida, como una simple cuestión de catálogo, como un repertorio de soluciones estandarizadas, es decir, como un instrumento que carece de identidad propia.

R. BRUFAU Plantear la técnica entendida desde el pliego de condiciones esta muy bien, abre muchos caminos. El problema surge cuando no se plantea así, sino al revés, y cuando te guías por el catálogo, cuando la tecnología acontece dominar el uso de unos catálogos. Me gusta mucho más la opción de un buen pliego de condiciones y que la industria se adapte a lo que tú pides.

J. M. GIL El catálogo es una buena herramienta de trabajo, si la cultura te enseña el porqué, el cómo sólo te lo enseña la practica. El hombre de oficio juzga muchas cosas como imposibles, necesitamos ser más autodidactas, más anticonformistas para saber hacer libres de prejuicios.

M. CODINACHS Tenemos el vicio de pensar que la buena arquitectura consiste en llevar al límite el material, o llevar al límite al industrial. Cuando no podemos llevar al límite el material porque no nos dejan, llevamos al límite el industrial. Considero que esto no tendría que ser una elección forzosamente nuestra.

X. BALLARÍN , X. LLOBET ¿Se tiene que entender que la relación con las consultorías técnicas está condicionada por la imposibilidad de alcanzar todo el proceso de proyecto-construcción, o por una auténtica voluntad de colaboración hacia la mejora de los resultados? ¿En qué se convertiría, pues, la finalidad del consultor? O, dicho de otro modo, ¿la artisticidad de nuestra tarea profesional esta a favor o en contra de la cooperación en otras artes dentro del proceso creativo? ¿Se puede establecer el apoyo tecnológico desde del origen mismo del propio proyecto?

R. BRUFAU Cada vez más, la profesión pide una especialización en los aspectos técnicos de la construcción. Soy consciente que entender la carrera desde un punto de vista tecnológico o especializado puede ser, para algunos profesionales, un camino a emprender.

E. DONATO El futuro de los países con una industria y una construcción avanzadas no es más que el camino imparable de la especialización del trabajo y la fragmentación de los procesos. Hoy, el arquitecto es una pieza muy especializada de un engranaje, y esto es irreversible. Hay actitudes de control integral del proceso constructivo que las entiendo muy bien, que me parecen muy respetables, pero claramente residuales. Tanto por un camino, como por el otro, se pueden construir piezas de verdadera arquitectura.

X. BALLARÍN , X. LLOBET ¿Es posible el uso de la técnica si no existe una idea de ciudad que le dé sentido, y a la cuál remitir las decisiones que proyectamos?

M. GAUSA Asociamos los conceptos de “ciudad” y “técnica” e inmediatamente, pensamos en los nuevos parámetros que configuran la ciudad contemporánea (infraestructuras, redes de comunicación, nuevas tecnologías, crecimientos autónomos). Estos factores han provocado fenómenos de descohesión, crecimiento y dispersión en el territorio, y una mutación del antiguo “tejido urbano” en un organismo nuevo más complejo. Pero la paradoja radica en que, si enfocamos más detalladamente la formalización de estos crecimientos (grandes centros comerciales, nuevas operaciones residenciales, etc…), estos continúan reproduciendo, en muchas ocasiones, imágenes caricaturizadas del pasado e incluso acaban utilizando técnicas ancestrales pera su definición final.

Pienso, por ejemplo, en muchos de los nuevos crecimientos periurbanos de nuestras ciudades, formalizados con muros de fábrica, tipologías estándar y extraídas de un “ruralismo” ambiguo modernizado. De esta manera, la ciudad crece y se desarrolla, es evidente, por la influencia directa de las nuevas tecnologías, de los grandes sistemas o de la asunción de la idea de movilidad y comunicación, pero al mismo tiempo acaba reproduciéndose figurativamente, siguiendo patrones evocadores de unos universos estereotipados, tanto desde las imágenes como desde las técnicas que los soportan.

E. DONATO En el Renacimiento se podía hablar de una idea formal de ciudad; hoy, la misma idea irá a remolque de hechos económicos, técnicas de transporte y de comunicación y fuerzas mucho más poderosas que la voluntad ilustrada del mejor de los tecnócratas, en todo caso será una ciudad sin figura urbana, en el sentido clásico. ¿Será un campamento de fragmentos dispersos? Sin embargo, la propia inercia formal de las ciudades es una fuerza conservadora inmensa, centrípeta y no únicamente por razones patrimoniales. Por otro lado, las tensiones destructoras y de dispersión territorial exigen algún tipo de intervención correctora que introduzca sistemas urbanos inicialmente fragmentarios, luego poco a poco integrados en otras escalas, hasta ensayar pautas o modelos teóricos aplicables a circunstancias diversas. Y es evidente que aquí la técnica, en un sentido amplio, puede hacer posibles y realistas unas propuestas que pueden parecer hoy ilusorias. Aquí, nuevamente, la idea de una ciudad futura no nace de las innovaciones constructivas, sino de otros adelantos técnicos más generales pero las nuevas técnicas y materiales constructivos concretos pueden ayudar a imaginar fragmentos, cuando menos, de aquella estructura urbana dispersa.

M. CODINACHS Sin entrar a hablar de técnicas tan concretas cómo las de las telecomunicaciones (que, evidentemente, han modificado muchísimo nuestras relaciones espaciales), lo que intuimos hoy es una cierta relativización de los instrumentos de medida que teníamos hasta ahora. Por ejemplo, hasta hace relativamente poco, los esquemas de soleamiento de los años veinte eran el gran paradigma de una posible lectura de la ciudad, como un instrumento de medida natural que se empleaba para definir la nueva ciudad. Actualmente, se han relativizado muchísimo las distancias entre los edificios; ahora dependen de otras variables. Las posibilidades de acondicionamiento interior hacen que estas distancias, establecidas por cosas tan naturales como el asoleamiento prácticamente desaparezcan. También se ha desnaturalizado mucho la relación con el lugar e, incluso, las funciones naturales del propio suelo, del entorno urbano o del ámbito  geográfico. En el delta del Llobregat, por ejemplo, podemos plantearnos la “naturalidad” que resulta de ocupar el delta de un río o incluso del espacio marino, que ya no es ninguna barrera para el crecimiento de una ciudad, sino un lugar de intervención técnicamente natural. Este tipo de técnica natural o naturalismo técnico nos permite pensar que un aeropuerto puede ocupar sencillamente hectáreas de mar. Las relaciones han cambiado desnaturalizándose las relaciones tanto de distancias, como de instrumentos de medida naturales.

J. M. GIL ¿Y cuál es el trabajo del arquitecto delante esta dispersión, de este aparente caos de la ciudad contemporánea? Posiblemente la de siempre, intentar concebir respuestas técnicas y cumplir con su función ancestral, la de establecer una cierta noción de orden en el territorio.

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La referencia bibliográfica:

1995_“Creació i tècnica”, en Quaderns d’Arquitectura i Urbanisme, Revista del Colegio de Arquitectos de Cataluña, nº 207-209 (Trípico de arquitectura catalana), págs. 330-341. Con Jaume Avellaneda, Robert Brufau, Marcià Codinachs, Emili Donato, Manuel Gausa, Josep M. Gil, Josep Llinàs, Enric Miralles ; moderadores Xavier Ballarín, Xavier Llobet.

* Nota: Algunos de los enlaces poseen derechos de autor. Reproducimos parcialmente algunos textos, persiguiendo un único fin con carácter cultural o científico. Esta bitácora se realiza exclusivamente para fines de investigación y sin ánimo o fines de lucro.

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