Una entrevista con Enric Miralles, AV 28 1993


miralles

En una animada conversación con el anterior director (1) de ‘Quaderns’, Enric Miralles reflexiona sobre su formación y la manera de entender y proyectar la arquitectura.

Nota 1: Josep Lluís Mateo i Martinez fue editor de la revista Quaderns d’Arquitectura i Urbanisme del 1981 al 1990.

arquitectura viva 28 Parte_1

Lugar y aprendizaje

Una entrevista con Enric Miralles, por Josep Lluís Mateo

Josep Lluís Mateo: Mi primera pregunta es al tiempo una pregunta y, quizás, una acusación: ¿te consideras un arquitectos catalán?

Enric Miralles: No, pero este ‘no’, como todas las negaciones, sirve para un comentario posterior. Creo que hay toda una parte de mi formación que, de un modo natural, siempre pensé que era mejor aceptar. Desde ahí se inicia el interés por buscar, analizar y repetir todo aquello que está más próximo. Siempre está presente un modo de ver las cosas ligado al aprendizaje, pero quizá lo fundamental sea aceptar la importancia que ciertos lugares tienen en el pensamiento. Por tanto, te contestaría que sí, en el sentido de aceptar los ‘lugares’ del aprendizaje como algo positivo.

JLM: Te lo decía porque (ya sabes que me gusta mirar desde fuera, a riesgo de caer en el desarraigo) te veo integrado  en una línea de actividad que englobaría gente como Francesc Pujols, Dalí, Jujol y también, en parte, Gaudí, el poeta Foix, Miró… Una línea irracionalista, a ratos mística; por supuesto (después), relacionada con el Surrealismo, y que es uno de los breves puntos de contacto de la Cataluña profunda con la vanguardia.

EM: Supongo que te gustará saberlo: el otro día descubrí que estoy viviendo en la misma casa que ocupó Pujols en Barcelona. Y ahora, para contestarte, he de volver al mismo argumento. Estos personajes están muy presentes entre las ideas que permiten entender este lugar. Yo diría que esta corriente, más que agraria, es manual. De pensamiento manual. De cosas que se piensan y se hacen casi al mismo tiempo. Cosas intuidas a las que se les dan formalizaciones poco claras. Y después, claro, está toda la relación con ese anticipar el pensamiento que es el Surrealismo…

JLM: Es una línea rural, no urbana.

EM:  Ahora estoy trabajando en Frankfurt, y me ha sorprendido encontrar allí, entre los proyectos de la nueva ciudad de Ernst May, la presencia que ha permanecido hasta hoy de los rural. Huertos, cultivos y, lo que es más importante, la relación entre geometría y actividad presente en los márgenes del Meno… Es sorprendente, ¿no?

JLM: Durante un tiempo pensé que nuestro mundo contemporáneo destruía la sensación de lugar concreto y nos colocaba en una especie de magma homogéneo que era el único lugar posible y deseable. Ciertamente nosotros estamos siempre cogiendo aviones, pero estoy pensando cada vez más que esta clase de disponibilidad es falsa, es decir, que lo único importante es esto del tema agrario, en el que se produce una cierta inversión entre, en el que se produce una cierta inversión entre, por una parte, todo este movimiento de flotación alrededor del mundo -toda esta facilidad de conexión- y, por otra, las posibilidades concretas, reales, que cada vez son más limitadas y más específicas.

EM: El otro día me preguntaban acerca de lo mismo. Con este viajar, ¿qué pasa al final? Pues aquellos sitios con los que estableces nuevas relaciones son en el fondo la transformación de un viaje real de conexiones que ya habían sido establecidas de una manera privada dentro de la propia habitación. Trabajando en mi tesis sobre los viajeros de finales del XVII encontré un texto de De Maistre titulado ‘Viajes alrededor de una habitación’. Suele suceder que la persona o la institución que te invita está relacionada con alguna construcción o con algún lugar interesante como tema de estudio. Vas a Amsterdam y te encuentras dando clases en el orfanato de de Van Eyck… Vas no sé dónde y aparecen otras cosas. Diría que, en el fondo, es la consecuencia lógica del pensamiento privado. A mí no me asusta; al contrario… Poner a prueba los intereses, tirar de las conexiones. Y la facilidad de movimientos es magnífica. Procuro no perder el hilo; tejer de otro modo las relaciones que se inician con los libros en la estantería de una habitación.

JLM: Ésta es una cosa que siempre me ha interesado, sorprendido y a veces irritado en lo que haces, precisamente por oposición. Yo he procurado buscar, defender, oponerme a las ideas. Mi punto de partida es invariablemente, digamos, hacer una entrada abstracta, científica. Y por eso me intriga tu aproximación  a las cosas, que es exactamente la opuesta: las ideas no existen. Una aproximación entre material acariciadora y sensible… El establecimiento de una tela de araña de conexiones que consigues estructurar casi imperceptiblemente. (Con frecuencia, en tus alumnos se observa la dificultad de la empresa). Por todo ello te repito que resulta extraordinariamente atractiva, por oposición, esa ‘falta de ideas’ que defiendes de una forma tan militante.

EM: Sí, de acuerdo, pero sucede que si lo expresas de ese modo parece que sea negativo, ¿no? En ese sentido, por ejemplo, aprecio más la capacidad de duración de una idea que su valor de destello momentáneo. Ahora, a los estudiantes -que son de los últimos cursos o de posgrado-, más que pedirles propuestas concretas, intento que sean capaces de explicarme con qué conocimientos cuentan para definir una determinada idea. Que sean conscientes de que definir una propuesta y lanzarla no es más que una ayuda para avanzar; hay que tener presente el mundo en el que se apoya, lo que existe alrededor de ese pensamiento; y en este recorrido, ir descubriendo los aspectos laterales de las ideas.

Existe una experiencia parecida en los proyectos que se están construyendo, sobre todo en Huesca. No sé si es una idea que compartes: construir te hace perder gran parte de tu individualidad. No es que las cosas te sorprendan, pero lo que aparece bajo el proyecto se debe a tantos otros trabajos anteriores. El hormigón empleado de una forma determinada, las dimensiones de los pilares… Todo esto sería corbuseriano. Se trata de reencontrar el pensamiento de otros, no sólo de los que hemos participado en la elaboración del trabajo. Me refiero a un sentimiento más general. Construir es casi un trabajo de recuperar, de hacer memoria. Es algo muy distinto a avanzar amnésicamente cuando se está trabajando al principio, en la formación de la idea. Durante la construcción aparece ese mundo de recuerdos, ¿no? Es como moverse en una tela de araña, aunque espero que las cosas conserven su carácter individual fuera de esas conexiones interiores. Las series, o repeticiones, son conscientes durante periodos de tiempo cortos. Prefiero pensar en intervalos, variaciones… Debes ser consciente de que estamos hablando de tiempos reducidos.

JLM: Tus dibujos, supongo que voluntariamente, son uniformes, y los proyectos, reducidos a dibujos, configuran una acumulación como de efectos o sonidos. Es una cosa que tiendes mucho a hacer: conectarte a través de ultrasonidos. Emites algo que no es un discurso ordenado o racional; más bien parece un conjunto de ondas cuya presión casi física provoca un movimiento generalizado del contrario, y este movimiento conjunto es capaz de generar una directriz.

EM: Está bien, muy bien. De acuerdo.

JLM: A veces, sin embargo, esta actividad ultrasónica queda reducida en las publicaciones a una redundancia monocorde, cosa que no se podría aplicar a tus edificios. Éstos son reales.

EM: Incluso los primeros concursos fueron trabajos pensados en el ámbito de la construcción. Y su representación en planos transmite un modo económico de trabajar que necesita de la presencia simultánea del máximo número de datos para definirse. Sobre una misma planta aparece el resto de la construcción. Esta información añadida produce el efecto de dar una apariencia ambigua al resultado final, y exige cierto esfuerzo de interpretación, pero creo que refleja mi modo de trabajar.

Esto he intentado mantenerlo durante la construcción. No se trata de modificar las decisiones, sino simplemente de usar los dibujos como anotaciones, como medidas, como referencias privadas donde se sabe cuál es la jerarquía de valores. Trabajando así está claro que aparecen problemas y que no sabes a veces cómo terminar una cosa. Es difícil encontrar la jugada que cierra la partida. Al final pienso que he de aceptar que en el interior del proyecto las cosas sean muy distintas, que la única cosa que he de pedirle a una silla es que me interese como pieza, pero no forzar esa coherencia ficticia con una idea de conjunto impuesta. Hay que definir esa nube alrededor de las cosas que permite situarlas. Y si al final aparece esa uniformidad de la que hablas es porque en el fondo, las acciones se van repitiendo. Pero puedes individualizar cada una de las decisiones, que se producen con independencia de esa pretendida uniformidad de los planos. Incluso la elección de los materiales de construcción la hemos hecho en muchas ocasiones en función del aprendizaje, como la estructura metálica, por ser la que tiene una relación más directa entre taller y plano. Casi se construye como se dibuja. Con la madera sucede algo parecido. El carácter de serie creo que aparece en el fondo de cualquier trabajo. Muchas veces los planos sólo definen el ámbito constructivo; ya he dicho que me gusta pensar en ellos como anotaciones, de algún modo incompletas.

JLM: Para terminar, me gustaría abordar una última cosa: la facilidad.

EM: Hacía tiempo que no surgía el tema.

JLM: La peligrosa facilidad.

EM: Ése es un enfoque muy moralista. ¿Te parece bien?

JLM: Sí, el peligro no es sólo moral, es real.

EM: Vamos a ver, dime cuál es el peligro conocido.

JLM: Hombre, quedarse atrapado en la propia facilidad.

EM: Ponme un ejemplo.

JLM:  Le Corbusier.

EM: Lo que es más fácil no es el modo de hacer, sino el acceso a su arquitectura. Existe una mayor facilidad para seguirle la pista a Le Corbusier que a otros arquitectos.

JLM: Mies no tenía facilidad en absoluto, y a mí me interesa mucho más que Le Corbusier, cuya parafernalia efectista a poca gente interesa ya. No es sólo cuestión de mayor o menor opacidad o accesibilidad.

EM: Sí, en este sentido, quizá podemos hablar de facilidad. En poder seguir a personas cuya pista es más fácil, pero esto también está ligado a un cierto autodidactismo que practicábamos en la Escuela, y que después ha sido una forma de continuar trabajando. Vas avanzando hasta que encuentres escollos y cambias de dirección, de personaje, de tema. A figuras como Mies hay que acercarse repetidamente, hasta que se produzcan determinadas coincidencias que permitan algún tipo de acceso. Puedo aceptar el término facilidad como aquello que permite avanzar entre trazas reconocibles. Algo parecido intento en mi trabajo… No sé. Pero lo que sí está claro es que no se puede hablar de recetas, sino de aceptar en tu trabajo lo que hay de conocimiento del trabajo de otros.

arquitectura viva 28 Parte_2

La referencia bibliográfica es:

Mateo i Martinez, Josep Lluís.  Lugar y aprendizaje: una entrevista con Enric Miralles. En Arquitectura Viva núm. 28 Escuela Catalana. 1 ed. Madrid, enero/febrero 1993. p. 26-29

Entrevistas listado:

Wiki homenaje a Enric Miralles

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3 Respuestas a “Una entrevista con Enric Miralles, AV 28 1993

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