Miralles Tagliabue. El Croquis nº 100-101, 2000


portada croquis 100

En esta cuarta monografía publicada por el croquis en el año 2000 se recoge el testamento vital de Enric, las últimas obras y proyectos de Enric Miralles y Benedetta Tagliabue.

Releyendo, estos últimos días, la revista he encontrado un mejor título para este homenaje digital: “La vida de las cosas”.

Las fotografías de las obras, proyectos y maquetas pertenecen a Hisao Suzuki, Lourdes Jansana, Thibault Cuisset, Jordi Miralles, Giovanni Zanzi, Makoto Fukuda y Enric Miralles. La foto de Enric y Benedetta en su vivienda de Carrer dels Mercaders pertenece a Enric Morín.

Mark Wigley en su artículo “Continuidad después de la vida”  (el croquis 144 EMBT) nos relata de forma precisa los acontecimientos:

[…] Enric nunca vio ese último número, que apareció un mes después de su muerte, aunque había dedicado tiempo a pensar cómo iba a ser, y todas las maquetas habían vuelto a fotografiarse un año antes. Como cualquier arquitecto, era muy consciente de la importancia del marco en el que aparecía su obra y de los peligros que podía entrañar mostrarla eficazmente rediseñada simplemente con organizarla de una determinada forma. Temeroso de que lo inacabado pudiese parecer completo si se disponía de una única manera, acabó dibujando  cómo debían organizarse los proyectos para ser publicados. El dibujo repartía las obras en tres grupos del mismo tamaño, cada uno dentro de un círculo y con el primero de esos círculos encabezado por el Mercado de Santa Caterina, un proyecto muy próximo al estudio EMBT en Barcelona.

La mañana del viernes 17 de marzo de 2000, Enric mostró ese dibujo a los dos directores de El Croquis. Y fue por la tarde cuando acudió al médico y se enteró de su alarmante estado de salud. Nunca pudo volver a trabajar en aquella monografía, pero su publicación fue una de las principales preocupaciones del arquitecto en los meses previos a su muerte, en los que no dejó de pedirle a Benedetta que lo ayudara a encauzarla. Pensaba que ese último número no podía contradecir la resistencia de toda una vida a poner cualquier punto y final, como tan elocuentemente habían transmitido los números anteriores. Al mismo tiempo, para honrar esa resistencia debía mantenerse el ritmo constante de números monográficos, del mismo modo que la propia Benedetta debía mantener el estudio funcionando. En lo que fue un primer síntoma de ese ímpetu de supervivencia, ella suprimió partes de la entrevista que se incluía en el número porque Enric no estaba convencido de lo que había dicho en ella, y preparó un texto breve y elocuente que tituló “Familias”, en el que analizaba el posible significado de esas tres agrupaciones de la obra que había hecho Enric […]

La referencia bibliográfica es:

Enric Miralles Benedetta Tagliabue 1996-2000. Miralles Moya, Enric; Tagliabue, Benedetta; Tuñón Álvarez, Emilio; Moreno Mansilla, Luis; Quetglas Riusech, Josep; Moneo Vallés, José Rafael. 1 ed. Madrid: Editorial El Croquis, 2000. 312 p. Colección Monografías El Croquis núm. doble 100/101. ISBN: 9770212568001 ISSN:  0212-5683

Índice:

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La organización de este número doble se divide en cinco bloques: una introducción, tres grupos que articulan diversos conjuntos de proyectos, y un epílogo.

Benedetta nos desvela en sus notas la agrupación de los proyectos, que se ordenan en tres círculos:

[…] Enric intentó controlar el pánico que le daba reunir los proyectos de estos últimos años en una única publicación y probó a ordenarlos en tres grupos, en tres círculos, procurando  organizar familias, elementos con rasgos e historias comunes.

El primero se organiza en torno al proyecto de Santa Caterina; el segundo lleva una especie de título provisional “movimientos de tierra”, y el tercero todavía me resulta difícil de definir, podría llevar por nombre “el nacimiento del mundo”. En el esquema de Enric para esta monografía los temas se superponen, los proyectos se mezclan, y algunos incluso se quedan fuera por la indecisión de colocarlos en un grupo o en otro. Los proyectos más lentos no siempre son los más grandes, y los más grandes no siempre son los más importantes […]

esquemas

01 Introducción: Apuntes de una conversación informal con Enric Miralles, preparatorios para una segunda conversación que nunca llegó a producirse al sobrevenir el fatal acontecimiento, realizada por Emilio Tuñón y Luis Moreno Mansilla. Unas notas a la obra del estudio EMBT desde 1995 por Bendetta Tagliabue “Familias” y un escrito de Josep Quetglas “Enric Miralles [desde Vers une architecture al primer volumen de ɶuvres compléts]

02 [I]: Primer grupo de proyectos, organizado en torno al proyecto de Santa Caterina; Mercaders, La Clota, Tesalónica, Utrecht, Venecia y Damge.

03 [II]: Segundo grupo de proyectos “movimientos de tierra”; Chetmnitz, Leipzig, Dresden, Kolonihaven, Fontanals, San Michele, Edimburgo, Palafolls, Lanzarote, Diagonal Mar.

04 [III]: Tercer grupo de proyectos “el nacimiento del mundo”; Mollet, Japón, Borneo Eiland, Laban Centre, Hamburgo, Vigo, Salerno, Gas Natural y Granja Moore.

05 Epílogo: Un emotivo escrito de Rafael Moneo sobre Enric Miralles [una vida intensa, una obra plena]. Se cierra la publicación con una última página que alberga un obituario: un dibujo, una foto del sepelio y un mensaje de agradecimiento y condolencia de los directores de la publicación.

EM+BT

En la conversación que mantuvieron Miralles, Tuñón y Masilla les recomienda a estos dos últimos la lectura del libro de Georges Perec “La vida instrucciones de uso”:

[…] De todo ello se deduce lo que, sin duda, constituye la verdad última del puzzle: a pesar de las apariencias, no se trata de un juego solitario: cada gesto que hace el jugador de puzzle ha sido hecho antes por el creador del mismo; cada pieza que coge y vuelve a coger, que examina, que acaricia, cada combinación que prueba y vuelve a probar de nuevo, cada tanteo, cada intuición, cada esperanza, cada desilusión han sido decididos, calculados, estudiados por el otro […]

mansilla 01 copia

En esta ocasión reproduzco pequeñas anotaciones, que he ido subrayando, a lápiz, con el paso del tiempo:

“Apuntes de una conversación informal con Enric Miralles”, realizada en enero del año 2000 por Emilio Tuñón y Luis Moreno Mansilla.

[…] El material de trabajo son más bien las personas… Canetti, en una frase que siempre he tenido en cuenta (cuando habla de la arquitectura nazi y de ese tipo de cosas), dice que fueron los nazis quienes mejor supieron construir este tipo de espacios en continuo movimiento (espacios que se llenan y se vacían), y pone el ejemplo de la playa. Él dice que el mejor espacio público es la playa, por su capacidad de llenarse y vaciarse constantemente […]

“Familias” [notas a la obra del estudio EMBT desde 1995] por Bendetta Tagliabue.

[…] Siempre responder. Así ya nadie en el estudio se sorprende si un proyecto cambia. Siempre es el mismo. Se trabaja el límite de las cosas (y de la gente) comprobando hasta qué punto se puede cambiar un proyecto sin que éste pierda su identidad. [Enric siempre recordaba la anécdota de aquélla película de Monty Python donde el caballero sigue luchando después de que lo hayan  cortado un brazo, y después el otro, y después una pierna, y después la otra… Le encantaba a Enric que el caballero mutilado siguiera siendo el mismo, resistiendo, como el alma de los proyectos resiste los cambios]. Así, a veces, los comentarios y las conversaciones no se siguen en absoluto, y en cambio, otras se aplican al pie de la letra. Las aportaciones y conversaciones fueron tantas que casi nadie sabe de dónde realmente salen las cosas. Parece que las cosas salgan solas, del tumulto de todos. Las cosas llegan a vivir su vida autónoma.

La vida de las cosas, una de las obsesiones recurrentes de Enric […]

“Enric Miralles [desde Vers une architecture al primer volumen de ɶuvres compléts] por Josep Quetglas.

[…] Si creyera que escoger una sola palabra pudiera sugerir lo suficiente, propondría una, quizás la más equívoca: jugar.

Puede llamarse ‘jugar’ a esa ocupación, por cuanto carece de finalidad, en el sentido de que cualquiera de sus momentos es igualmente intenso, no son delegaciones para una meta. Pero nada más alejado de ese concepto del jugar que la arbitrariedad, la displicencia, la futilidad, el cálculo. Hay idiomas donde ese carácter, al tiempo vital y riguroso, del juego está ya contenido en la misma palabra: jouer, spielen, play. Se ‘juega’ al piano, se ‘juega’ a Hamlet, se ‘juega’ una arquitectura. Aquí con una diferencia, a favor del juego de Enric Miralles: si el ejercicio del músico o del actor está delimitado en el tiempo, el juego de la arquitectura no tiene principio ni final, puesto que se extiende y coincide con todos los momentos de la propia vida personal del arquitecto, en tanto que doble jugador: como habitante y como arquitecto.

Una definición de ‘jugar’ así entendida tiene como componente la fusión íntima de dos materiales: ‘vida’ y ‘arquitectura’ […]

“Enric Miralles [una vida intensa, una obra plena] por Rafael Moneo.

[…] Todo lo dicho permite avanzar la hipótesis de que al estudiar la arquitectura de Miralles hay que considerar toda su obra y no proyectos concretos. Dicho de otro modo, me gusta ver su obra como un todo, como si la totalidad de su trabajo y de su esfuerzo hubiese estado dedicada a un único y siempre presente proyecto. En el libro que Benedetta Tagliabue editó en 1996, Enric Miralles decía: “… yendo más allá de lo que significa el reunir y resumir estos proyectos, me gustaría mostrar cómo éstos son acciones repetidas. Una corriente fluida los envuelve a todos y los dota de una unidad, creando temas comunes, reconciliando situaciones individuales, mezclando diferentes programas, extendiendo cada construcción hasta formar una serie de relaciones con el entorno… Los últimos proyectos se relacionan con los primeros en cuanto que tratan de hacer la materialidad de una solución visible mediante la precisa construcción de una representación”

Cuando, en estos días, he vuelto una y otra vez a hojear las publicaciones que documentan su asombroso trabajo, me costaba establecer diferencias entre las distintas obras. El proyecto era siempre el mismo: el que su claro (y bien personal) ideario arquitectónico le dictó desde el comienzo de su carrera. Así se explica esa continua traslación de elementos de un proyecto a otro que él describe tan claramente cuando nos dice: “En mi trabajo también existe esa traslación de información de unos proyectos a otros, como si la búsqueda se produjera simultáneamente, en varios territorios”. O como cuando en una de las entrevistas confiesa: “… los proyectos acaban recortándote cosas con las que has trabajado ya en otras ocasiones: proyectar es un trabajo continuo”.

Proyectar, construir, era para Enric Miralles contribuir generosamente a la vida del universo, descubriendo materiales, incluyéndolos en el flujo de las estructuras, situándolos en la atmósfera de transparencias en la que a él le gustaba vivir. Su obra, sus edificios, han quedado inacabados, sin que este hecho nos produzca un sentimiento de frustración. El destino nos ha privado del placer que prometían sus obras por venir […]

La publicación se cierra con la siguiente despedida:

fin

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