Enric Miralles y Carme Pinós. El Croquis nº 30, 1987


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En el otoño de 1987 se publica la primera monografía de Miralles/Pinos en la revista El Croquis, número 30. Antes, habían sido incluidos con dos proyectos (cementerio en Igualada y ambulatorio en La Llagosta) en el número 26 de la citada revista. Asimismo Enric Miralles aparece reflejado en páginas interiores, como colaborador,  en la monografía dedicada a Albert Viaplana y Helio Piñón (El Croquis, número 28).

Era una apuesta arriesgada, dedicar un monográfico a una pareja de jóvenes arquitectos treintañeros con tan sólo dos obras construidas y un montón de proyectos extravagantes. Cual personajes de Faulkner: […] el asesino aficionado cree ante todo como el jugador aficionado no en su suerte sino en las apuestas arriesgadas, en que la apuesta arriesgada ganará simplemente porque es una apuesta arriesgada […]

Richard C. Levene y Fernando Márquez no erraron el tiro. Si bien es cierto, que los chicos ya apuntaban maneras: Premio del jurado FAD 1986 de interiorismo y rehabilitación por el instituto La Llauna en Badalona. Anteriormente, Enric como colaborador en el despacho de Viaplana-Pinón, habían obtenido un Premio FAD de arquitectura y el Premio Ciudad de Barcelona de artes plásticas en 1983 por la ordenación de la plaza de la estación de Barcelona-Sants. Además, dos de los proyectos presentados en esta revista (croquis 30) conseguirán posteriormente nuevos premios y reconocimiento internacional: Cementerio de Igualada (Premio FAD de arquitectura 1992, entre otros…) y la escuela hogar en Morella (Premio nacional de Arquitectura 1995), ¡ahí es nada!…

La autoría de las fotografías que acompañan los proyectos son de: Lluis Casals, Ferrán Freixa y Hisao Suzuki.

Carme Pinós recuerda en una entrevista: “cuando conocí a Steven Holl me dijo: el Croquis se me caía de las manos de tanto mirarlo”

Lástima que esta edición haya sido tan maltratada y cercenada en reediciones posteriores.

La referencia bibliográfica es:

Enric Miralles y Carme Pinós. Obras y proyectos 1984-1987.  Montaner Martorell, Josep María; Quetglas, Josep; Burillo, Luis; Ribas, Carme; Ravetllat, Pere Joan; Roig, Joan. 1 ed. Madrid: Editorial El Croquis, 1987. 142 p. Colección Monografías El Croquis núm. 30. ISSN:  0212-5683

Índice:

INDICE BN

La organización de la revista recuerda la estructura interna de un libro: introducción, cuatro capítulos que articulan diversos conjuntos de proyectos y un epílogo. A excepción del epílogo, todos las secciones cuentan con un epígrafe.

Enrique Granell en su artículo “Una maleta llena de Arquitectura” nos pone sobre aviso: […] es un libro para entretenerse, para buscar cosas que están y que tal vez ni tan siquiera Miralles/Pinós habían visto todavía. El número está lleno de detalles que hay que descubrir. Los proyectos se agrupan con un criterio hermético solamente desvelado en la introducción:

Dejar, entre las páginas, que los Proyectos busquen relaciones entre ellos…, que actúen como lo harían ante un lugar. Les pedimos que respondan con un momento de animación a nuestra mirada… La misma que busca en u lugar el inicio de un proyecto. Mientras que a la Arquitectura concreta le pediríamos que fuera transparente al pensamiento que la ha generado…

La revista se estructura en 6 bloques:

01 Introducción: Cuatro notas sobre la obra de Miralles y Pinos por Josep María Montaner.

02 Capítulo 1: El lugar de estos proyectos no existe: Hostalet y Algemesí.

03 Capítulo 2: No se trata de acumular datos, sino de multiplicarlos: Golferichs, Granada, Palau Finestres, Colonia Vilaseca y La Llauna.

04 Capítulo 3: Movimientos y geometría: Parets del Vallès e Igualada.

05 Capítulo 4: Sombras y Formas: Morella y Puente sobre el río Segre.

06 Epílogo: Tres escritos de Ribas-Ravetllat-Roig, Quetglas y Burillo.

miralles pinos

Reproducimos a continuación, extractos de dos artículos (“Los blancos del papel” y “Tres notas a los dibujos de Miralles/Pinos”) que no han vuelto a publicarse en las sucesivas ediciones conjuntas, al considerar que tienen el valor de ser capaces de retrotraernos a aquella época.

“Los blancos del papel” Carmen Ribas, Pere Joan Ravetllat y Joan Roig.

Una pared de madera suspendida en el aire, una fotografía en color y un sofá. Y luego una mesa llena de dibujos y un desorden de cajas y papel celofán.

No es fácil saber cómo van a ser sus edificios. Al aproximarse a sus dibujos o leer sus textos, las ausencias, los blancos del papel se convierten en algo sumamente importante.

Abren las carpetas para explicar sus obras. Siempre trazos negros sobre fondo blanco. Cuartillas idénticas, fragmentos ampliados o reducciones al límite de sus dibujos.

Con minuciosidad de archiveros numeran las láminas y las guardan en sobres de papel celofán; los mismos que años atrás usaba el Doctor Pinós para conservar las radiografías de sus enfermos. Los dibujos adquieren así categoría de transparencias, como visiones esqueléticas de sus proyectos. Cráneos, espaldas y rodillas, siempre fracturados.

El tiene manos grandes, de jugador de baloncesto. Te lo imaginas pasándose el balón de mano a mano, balanceando el cuerpo, justo antes de iniciar una jugada en zig-zag para descolocar al contrario.

Una cortina de humo con su cuero inmenso.

¿Pero de qué son sus edificios? Probablemente la pregunta resulte intrascendente si pensamos que el único material capaz de proyectar en la mente del espectador imágenes, más allá de los trazos discontinuos, sea el blanco del papel.

Tal vez todo empezó el día en que alguien lo sentó en la mesa de al lado de Albert Viaplana. Tal vez todo empezara antes.

Al imaginar su obra construida, piensas que deberás de confiar en la rotundidad de las formas planteadas. ¿Puede ser el hormigón el material que dará forma a sus obras? Líquido denso, moldeable simplemente con el pensamiento, aquello de lo que están hechos los sueños. La inmaterialidad de sus dibujos te impide asegurarlo. Sus proyectos surgen de un gran gesto que casi elimina el interés por el detalle. Se resuelven en opciones dramáticas y se expresan independientemente de texturas y calidades.

Al avanzar por el pasillo, una superficie mullida te sorprende, suspendida en el aire. Un dormitorio ingrávido.

Como a nosotros, a ellos también les gusta la papiroflexia. De sus trabajos conservan pequeñas maquetas de papel recortado. La obsesión se refleja en el tejer y destejer constante de sus manos sobre la servilleta de papel en el bar, mientras hablamos. En sus manos el papel va transformándose en pequeñas figuras cambiantes.

A veces un trazo zigzagueante puede solucionar correctamente una situación planteada en el proceso proyectual, pero la redundancia en su utilización, su casi obsesiva presencia, puede llegar a sugerir más una opción estilística, una voluntad de expresión formal, que una respuesta arquitectónica concreta.

Estamos empezando, todos estamos empezando. mal vestidos, con ropas prestadas, con mucho de lo que hablar y demasiadas palabras.

Inmateriales, sin texturas ni sombras, sus dibujos se sitúan en aquella zona neutral en la que los blancos del papel pueden convertirse en realidad. Aunque uno se pregunta si es necesario que la capacidad de imaginación se encuentre en el extremo opuesto a la definición de materiales y su explicación gráfica. O si la capacidad de sugerir ha de ser contraria a la realidad de la construcción.

“Tres notas a los dibujos de Miralles/Pinós”, Luis Burillo.

1. El dibujo hablado

[…] Conozco a Enric Miralles y a Carmen Pinós desde mi estancia como profesor en la Escuela de Arquitectura de Barcelona. Allí bajo la dirección de Albert Viaplana, dí dos años clases junto con Enric Miralles que, por aquel entonces, era también ayudante de Viaplana en su estudio particular. Este impuso, creo yo que de forma aceptada, que la mejor manera de enseñar a proyectar consistía en transmitir la experiencia profesional -en el propio estudio- a los alumnos, acercándolos a su trabajo y haciéndoles participar en los problemas que él planteaba en sus propios proyectos. El explicar los proyectos se convirtió en algo habitual: narrarlos, contarlos, describir cómo eran y el por qué de toda decisión adoptada. las propuestas de Viaplana, Piñón y Miralles para los concursos que se presentaban eran desmenuzadas en clase de una manera exhaustiva.

Este modo de enseñar creo que acaba influyendo poderosamente en la manera de proyectar, se configuran el uno al otro: cualquier línea se puede convertir en el episodio de una narración y, viceversa, cualquier episodio de la experiencia personal (o una ojeada a la historia de la arquitectura) puede dar lugar a una línea sobre el papel. Este carácter narrativo lo advertimos en la obra más reciente de Enric Miralles y Carmen Pinós. Si observamos sus propuestas, las frases de la memoria (memoria de proyecto, no ene sentido poético) se entrecruzan, de una manera evocadora, con las líneas de los dibujos hasta el punto de no poder separarlos, de no poder entender unos sin otros. Sin embargo, todo está descrito con gran precisión y acabamos imaginando el proyecto y, lo que es más importante, entendiendo el camino que le ha llevado hasta é. Este mecanismo de proyectar y explicar, dibujar y contar simultáneamente, me parece un acto de creación artística bastante notable.

2. El dibujo que proyecta

[…] El tema de la relación entre proyecto y dibujo era para Miralles en la Escuela casi como una obsesión. Si enseñaba a los alumnos un proyecto de Louis Kahn, por ejemplo, les mostraba únicamente los croquis iniciales o dibujos muy primitivos de las primeras soluciones de ese proyecto. Explicaba, creo que muy acertadamente, que la obra de un arquitecto de este calibre resulta completamente hermética para un alumno. Las fotografías de algo tan singular, tan ajeno y distante, construido con materiales extraños y de un modo extraño, y, en definitiva, tan distinto culturalmente, no hacen sino alejar al alumno de los principios que han inspirado si construcción y sólo aprehende un repertorio vacío y superficial. En cambio, con los dibujos más elementales les ponía la arquitectura como casi a su alcance, incluso se parecían a los dibujos del propio alumno. Hay muy poca distancia, la buena arquitectura es muy fácil de conseguir: tan solo se necesita casi un lápiz y un papel. Ni que decir tiene que el éxito de sus clases era enorme.

3. El dibujo abstracto

[…] Enric Miralles y Carmen Pinós defienden el dibujo como lugar en donde ya sucede la arquitectura. En este terreno están más cerca de la tradición clásica que muchos clasicistas actuales. En sus proyectos, a la precisión y a los atributos propios del dibujo de arquitectura le dan un valor en sí mismo, anterior a la obra y casi independiente de ella. Ya en su aspecto puramente de trazado abstracto, los dibujos han de reunir unos atributos estéticos ajenos al edificio que representan o describen.

[…] Son plenamente conscientes de que, sin un dominio plástico y tectónico, la obra puede llegar a ser de papel. Sería interesante, para terminar, conocer cómo se ejercitan en este aspecto a través del diseño y construcción de muebles y artefactos en su propio estudio. Será quizás esto lo que les ha llevado, en mi opinión, a que sus obras ya ejecutadas sean mejores si cabe que sus inquietantes dibujos.

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2 Respuestas a “Enric Miralles y Carme Pinós. El Croquis nº 30, 1987

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